Una escuela de Yoga en un espacio interior de manzana, entre edificaciones y el bullicio de la ciudad. El reto no sólo consiste en distribuir un espacio de calma, con un aforo pretendido de 25 alumnos, el reto es crear esa burbuja de serenidad en el centro de la ciudad y que el alumno que acude a las clases sienta ese espacio como propio, su momento de retiro hacia el interior. La escuela está dotada de todas las necesidades que puedan acompañar a una escuela de yoga. Los espacios diseñados actualmente cerrados y con exigua luz en planta calle ahora se abren a un espacio verde exterior que invita al sosiego. La sala principal de la escuela además se abre y comunica a este espacio verde natural a través de un gran ventanal que crece en altura haciendo que el falso techo se abocine y permita una mayor luminosidad entrante. El trabajo en 2D de distribuir siempre acorde a la normativa imperante del CTE más la propia de la ciudad, se completa con las vistas 3d arquitectónicas que acompañan a este texto. El espíritu de dichas imágenes no es otro que el de despertar ese silencio en uno mismo y esa motivación se ve reflejada en las imágenes.
